Rogelio Ramos Signes
Argentina
El hombre que odia las mudanzas
Yo soy el hombre que odia las mudanzas,
las terribles mudanzas de acá para allá,
el adiós definitivo y a cada paso. Esa tristeza.
Que me disculpen quienes viven de ese trabajo
tan digno y desapasionado como cualquier otro.
Soy un hombre que odia las mudanzas,
y no puedo evitarlo.
Si es por querer, quisiera,
pero no puedo evitarlo.
Nunca supe de lágrimas que tomaran vuelo
hasta regresar a los ojos.
La raíz que se corta tarda en aceptar sus mutilaciones.
La raíz que se corta es una soga
que sólo sirve para atar un viejo recuerdo
con una nueva desazón. Odio las mudanzas,
el camión que se detiene en una dirección desconocida
adoquines
(viejísimos de toda vejez),
carteles publicitarios que ofrecen cosas innecesarias,
recovecos usuales para otros, no para mí
(esa es su ventaja y también mi desventura)
placas pintadas por vaya a saber quién,
gente que no te conoce pero que hurgará en tus secretos
al ver tus pobres pertenencias.
Odio las mudanzas. Lloro a escondidas
y sufro las mudanzas.
Cuando tenga tiempo (y dinero) fundaré un grupo
de Anónimos Odiadores de Mudanzas.
Nuestro emblema será un árbol de pie al pie de una montaña.
Mientras tanto, como no tengo dinero (ni tiempo)
acérquenme una docena de pañuelos
y una mujer que alivie momentáneamente
este dolor sin remedio. Que esa mujer, por favor,
no trabaje en una inmobiliaria.
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